Pero es la verdadera intención de Takashi lo que parece ambiguo, quizá no busque sexo sino compañía, o incluso puede ser un role-play donde el sería el protector y ella quizá, suplantando la esencia de una nieta. Sus intenciones se vuelven aún más discutibles cuando, al otro día, lleva a Akiko a la universidad a hacer un examen. Allí, en la entrada, ella es recibida por su volátil novio -con quien discutía por teléfono la noche anterior- que, sin que nosotros sepamos lo que dicen, permanecemos desde el punto de vista de Takashi, estando retirados de lo que sucede. El cine es sobre lo que se avista en pantalla y lo que permanece secreto a nosotros, aquí sin duda, Kiarostami explota la idea, y podría parecer austero, incluso estéril sin dejarnos adentrarnos e la historia y lo que sucede a un 100%. El novio inestable, Noriaki (Ryo Kase), le pide fuego al anciano que espera a Akiko afuera de la escuela. El anciano accede y pronto ambos se encuentran platicando sobre ella, sobre lo que es y no es. Noriaki lo confunde por el abuelo de ella y Takashi le sigue la corriente aunque haciendo claro que no es verdad, con líneas como: "Soy tanto el abuelo de ella como el tuyo". La incómoda compañía se dilata cuando regresa Akiko y juntos tienen largas y tendidas pláticas mientras transitan por la ciudad.
Penumbra (2013) [★☆☆☆☆]
Tenemos aquí un austero filme -dirigido por Eduardo Villanueva- que retrata los rituales de una pareja anciana en un seco y árido hogar, donde lo más importante del día es ir a cazar y o quedarse en casa preparando la comida. Adelelmo y Dolores son personas reales, y como en un filme de Bresson, sus expresiones son naturales, sus diálogos -con acento típico de la región- dudosos -no obviamente ensayados-, su idiosincrasia se mantiene. Pero el filme es vació. Se infiere la religión en sus vidas, su lóbrega cotidianidad, sus monótonas pláticas y acciones diarias. No sucede, realmente más que eso. Podría incluso confundirse con un documental casi mudo a no ser por el sonido de la naturaleza y los pasos de cada uno. En ese caso, ¿sería un documental sobre qué, exactamente? ¿La vida de estos seres influenciados por sus creencias y ceremonias como ofrendas? ¿El cazar animales y su significado metafísico? ¿Sus ideologías existenciales? Cualquiera de esos tópicos, por buena intención que se haya tenido en concretar, no sucede.
Tenemos aquí un austero filme -dirigido por Eduardo Villanueva- que retrata los rituales de una pareja anciana en un seco y árido hogar, donde lo más importante del día es ir a cazar y o quedarse en casa preparando la comida. Adelelmo y Dolores son personas reales, y como en un filme de Bresson, sus expresiones son naturales, sus diálogos -con acento típico de la región- dudosos -no obviamente ensayados-, su idiosincrasia se mantiene. Pero el filme es vació. Se infiere la religión en sus vidas, su lóbrega cotidianidad, sus monótonas pláticas y acciones diarias. No sucede, realmente más que eso. Podría incluso confundirse con un documental casi mudo a no ser por el sonido de la naturaleza y los pasos de cada uno. En ese caso, ¿sería un documental sobre qué, exactamente? ¿La vida de estos seres influenciados por sus creencias y ceremonias como ofrendas? ¿El cazar animales y su significado metafísico? ¿Sus ideologías existenciales? Cualquiera de esos tópicos, por buena intención que se haya tenido en concretar, no sucede.
La luz de las escenas es importante y se le da su respectivo cuidado, como también de la precisa cámara que empieza la cinta con una toma secuencia que registra el interior de la casa en 360° mientras Adelelmo se levanta de su cama, la cámara lo abandona unos segundos, para regresar después a verlo encender la estufa y calentar agua; todo esto en casi completa oscuridad salvo por la luz que se trasluce por los vitrales de su puerta. Se captura la muerte de tres animales, reales, y podría justificarse por "el bien del arte" pero cuando este "arte" carece de un punto, no hay excusa alguna. Puede leerse la cinta como un par de ancianos viviendo sus últimos días y esperando la muerte en completa regularidad porque simplemente no hay nada que hacer. Sin embargo, mucho del tiempo de pantalla sucede enfocando a la selva, el cielo, Adelelmo caminando con su escopeta, destazando un animal, platicando sobre su vida con un amigo, étc. No hay un motif a la vista, lo único que regresa en varias escenas es el credo, ya sea su catolicismo o sus creencias en la naturaleza y los dioses prehispánicos. Incluso termina, después de casi completo silencio que abunda el filme, con una pieza de Arvo Pärt, por si el "tema de religión" no haya quedado claro.
@elcastillo









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