24 febrero 2013

FICUNAM: The Act of Killing / The Terrorizers


The Act of Killing (2012) [★★★★☆]

Un soberbio documental que funciona también como una confesión y al mismo momento, como un catalizador de emociones y acciones de los sujetos principales. Ellos son un grupo de asesinos que trabajaron para el grupo paramilitar Pancasila Youth en el golpe de estado de 1965 en Indonesia. Su tarea era ayudar a asesinar presuntos comunistas, en su mayoría chinos, llegando a haber despachado -juntos- más de un millón en un año. Un crimen de guerra que permanece sin castigo, salvo en la conciencia de cada uno de los participantes. Es también, en cierta manera una apología a tales actos por parte de sus protagonistas que hablan de ello con toda la calma del mundo, incluso recrean, en los lugares reales, cómo mataron a varias víctimas. Se habla del origen del principal grupo de "gangsters", Anwar Congo, y cómo fue reclutado mientras se ganaba la vida vendiendo boletos de cine. En este ambiente se relacionó con éste arte y fue emulando a los héroes de westerns, de cine negro y de acción, lo que lo llevará -durante este documental- a organizar una película retratando sus "grandes hazañas" haciendo uso de trajes estrafalarios, locaciones ambiciosas y con un mensaje que parece defenderlo con todo su ser.

Sin embargo, mientras ve avances de su película junto a sus amigos ex-gángsters, se va abriendo un poco y habla realmente de lo que sucede. Los presuntos comunistas, podían serlo o no, a él no le importaba y daba muerte a quien tuviese pinta de chino. Aunque tales acciones ya no se realizan "oficialmente", los habitantes chinos aún pagan derecho de piso por vivir en la región y se ve en una escena, cuando les van a cobrar a los mercados. Se ve en los rostros de los hombres chinos un miedo, una molestia cuando se enfrentan a estos asesinos, porque si se negasen a algo, saben lo que les pasaría. Congo y compañía, platican sobre el tema con un tono cómico, siempre defendiendo su patriotismo e importándoles poco si fue moralmente correcto o no. Incluso, en el día a día con sus amistades, uno podría tener cierta empatía con ellos, sus personalidades hacen difícil resistirse a su singular encanto. Aun sabiendo que lo que hicieron, era en gran parte una farsa y mataron a gente inocente, ello continúan con su vida, con sus familias, con sus relaciones en la política, como si lo sucedido fuese algo normal. El punto culminante y espléndido del filme sucede cuando Congo, después de haber recreado una escena de tortura poniéndose él como el castigado, le es difícil continuar con la escena porque hay algo que no está bien. Su muerte ficticia es ahorcado con alambres y en el momento de actuarlo, empieza a sentir cierto malestar, su mente regresa a esos tiempos, y por primera vez piensa en lo que debió de ser para la gente que mató, esos últimos momentos de sus vidas a manos de él. Se pregunta ingenuamente si se sintieron tan mal como él recreando la escena; el director Joshua Oppenheimer le contesta que fue peor, porque al menos Congo sabe que está actuando, mientras que ellos ya daban por hecho su asesinato.

Es un espléndido documental donde, mientras se narran los particulares caracteres de los individuos, estos personajes piensan realmente en sus acciones y en si fue correcto o no. En especial afecta a Congo en sobremanera y aquí se descubre una virtud más del documento: mostrar la realidad,  quizá sin querer, a sus propios protagonistas, haciéndoles recapacitar lo hecho. Un inesperado experimento que muestra una faceta más del documental y sus repercusiones en sus actores. Una cinta que empieza como apología y termina siendo una declaración de culpa.

*Werner Herzog y Errol Morris, resultan ser productores ejecutivos

The Terrorizers (1986) [★★★★★]

Lo único que tiene en común con The Act of Killing es que ambos terminan con personas vomitando, literalmente, en pantalla; eso sí, causado por circunstancias diferentes, pero que al espectador le generará la misma incomodidad. Edward Yang dirigió este impecable filme sobre sobre tres grupos de personas que, se entrelazan de manera trágica. Ni Gonzáles Iñárritu pudo idear algo semejante. Un técnico de laboratorio y su mujer escritora pasan por cierta fricción en su relación: los bloqueos de creatividad de ella, la aparición de un viejo romance, el esposo absorbido por el trabajo, la pérdida de un bebé; empieza su desenlace al inicio del filme. Un chico fotógrafo y su novia. El joven retrata un asesinato que es la escena que abre el filme. Un hombre tirado en el suelo, baleado, mientras sirenas se oyen a lo lejos. El asesino -que forma parte del tercer grupo- junto a su novia, planean escapar de la policía, pero sólo ella lo logra, no sin antes ser fotografiada por el chico que recuerda en sus acciones e idiosincrasia a David Hemmings en Blowup

Las tres relaciones se desbaratan eventualmente, y empieza a germinar cierta soledad entre todos los incluidos. El fotógrafo es echado por su novia por encontrar fotos de la chica que escapó del crimen y con quien el joven desarrolla una fijación. Mientras, la chica de la fotografía -en medio de una crisis emocional , empieza a hacer bromas telefónicas donde hace llegar a bomberos al departamento donde vivía con su novio, y en una de esas veces, llama a la escritora para ir a visitar a la persona que le llamó de forma anónima; todo esto sin abandonar su actitud rebelde. Es, al final, la relación de la escritora y el técnico la más poderosa y la que sobrelleva el filme. El hombre empieza a tener dudas sobre la intención de su esposa cuando le pide tiempo para estar sola; obviamente, el viejo romance con su ahora nuevo jefe tiene algo que ver, pero su marido. envuelto en su trabajo para alcanzar una mejor posición, no tiene ni el menor conocimiento. Empieza a buscarla, le dice que regrese, que al fin leyó sus novelas y sabe lo que ella nunca le dijo. Es este choque con la realidad que hace del esposo una nueva persona, con la que nos engaña Yang al final del filme, dándonos dos posibles finales, ninguno más verosímil que el otro, ambas son reacciones "naturales" y eso es el mayor logro de The Terrorizers, el instinto humano y su reacción con la verdad.

La película fue proyectada en una impecable restauración que figura, dentro de la filmografía de Yang, entre lo mejor visto. El último cuadro, y sus connotaciones, quedarán indelebles en la mente de quienquiera el afortunado de ver este crudo, pero maravilloso filme.

@elcastillo

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